Este gran complejo estaba compuesto por extensos jardines y andenes que bajaban hasta el río, predominados por una muralla que protegía los aposentos de la jerarquía religiosa Inca. Todas las construcciones del templo se desarrollaron alrededor del patio principal. Eran edificios de planta rectangular donde se rendía culto, además del dios principal, el Sol, también a divinidades como Wiracocha, la Luna, Venus, el trueno y el Arco Iris. Pero además funcionaba como componente mágico para la sacralización del espacio geográfico que contenía a la ciudad principal del Tahuantinsuyo, el Cusco.
Del centro del jardín principal partían los ceques –líneas imaginarias que ataban el templo con las cumbres, manantiales, abras, salientes rocosas, marcadores astronómicos y puntos notables del panorama cusqueño. Sobre esos ejes de desigual longitud, se situaban numerosas huacas a distancias variadas, pero con meticulosa exactitud en la alineación. Con esto, no solo el edificio era sagrado, también lo era su entorno; los ceques y sus huacas consagraban todo el espacio donde se ubicaba la ciudad. Hasta el momento se conocen 327 ceques, 21 de las cuales se ubicaban en la pared perimétrica del templo o en los frentes de las calles cercanas.
En este lugar también se encuentra una de las más grandes pinacotecas del arte colonial (cuadros de la Escuela Cusqueña, siglos XVII y XVIII), así como también fina mueblería, esculturas religiosas y textiles bordados con hilos de plata y oro. Koricancha se ubica en la ciudad misma del Cusco, en la plazoleta Intipampa, esquina avenida El Sol y la calle Santo Domingo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario